Libro: AMLOfobia, un estudio cualitativo de la UNAM sobre el miedo a López Obrador, capítulo de regalo

Pocos personajes de la historia reciente en nuestro país han suscitado posturas tan enconadas como las que provoca Andrés Manuel López Obrador, Candidato Presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia. Pero, ¿Qué hay detrás de este miedo irracional al tabasqueño? ¿Se puede explicar sólo por las campañas negras que lo han demonizado? ¿Existen factores sociológicos y culturales que provoquen este rechazo? En el volumen AMLOfobia, el Académico Jaime Pérez Dávila, coordina a un grupo de jóvenes investigadores que tratan de dar respuestas a estas y otras preguntas.

Del peligro para México a la silla del águila

López Obrador puede ser considerado el primer gobernador de izquierda con un gobierno ampliamente exitoso y con programas de trabajo llevados a la realidad, que dieron un giro a la lógica de políticas sociales, de administración y obra pública; cabe recordar que el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas sólo gobernó dos años la capital del país, lo que le impidió desarrollar un plan de gobierno ambicioso; fue por así decirlo, un gobierno de transición del autoritarismo a la democracia.

La popularidad del tabasqueño en la ciudad se fue a las nubes durante su mandato; según consulta Mitofsky (a), en 2005 84% de la población de la capital aprobaba su gestión, cifra jamás soñada por algún otro político mexicano; fue cuando López Obrador decidió hacer públicas sus intenciones para contender por la presidencia de la República, lo que dio inicio la más grande persecución político-mediática, iniciada por el proceso del desafuero (b) y seguida por la campaña en medios conocida como “el peligro para México” (c), que demonizó la imagen del ya entonces candidato de PRD, además de la campaña en radio y televisión, hay que recordar los millones de correos electrónicos y llamadas telefónicas, que efectivamente bajaron su intención del voto, sumado a ciertos dislates en su propia campaña, como llamar al Presidente Fox “chachalaca” o no asistir a uno de los debates.

Tras el ampliamente cuestionado triunfo de Felipe Calderón y la instalación del mega plantón en el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México, la imagen de AMLO se polarizó: para unos era un mesiánico rijoso que simplemente desea acceder al poder de cualquier forma, mientras que, para otros, era un modelo moral, que combatiría la corrupción y la pobreza; al final su imagen solo podía ser descrita en absolutos.

Han pasado doce años de aquellos días aciagos, en su tercer intento las encuestas parecen demostrar una ventaja casi irremontable a favor de López Obrador, los intentos de guerra sucia no han tenido la efectividad pasada. Según se observa en la evolución de intención del voto elaborada por Oraculus.mx, de hecho, parece no haberle afectado, ya que desde el inicio de la precampaña tiene una tendencia al alza, alcanzando los 50 puntos, cifra sólo vista desde la elección de 1982, con Miguel de la Madrid.

Gráfico elaborado por Javier Márquez para Oraculus.mx consultado el 13 de junio de 2018 a las 11:00 Hrs

En este contexto, es válido analizar los orígenes de esta fobia hacia lo que AMLO es y representa, por lo que es pertinente la aparición del estudio “AMLOfobia” coordinado por Jaime Pérez Dávila, en donde estudiantes investigadores de la UNAM, analizan de forma cualitativa las opiniones de personas contrarias a dicho candidato.

AMLOfobia entrevista con el autor from Margarita AG on Vimeo.

 

En palabras de sus autores:

“Los simpatizantes de AMLO han sido llamados: “feligresía irracional”;” “medida de la miseria humana”; ”perrada”; “pejechairos”; “pejezombis”; “legión de idiotas”; “chavistas”; “populistas” y un largo etcétera. La intolerancia es el estigma que marca las conversaciones políticas de nuestra vida política. No es propia de la ignorancia política o de una ciudadanía infante. Es el producto de una sociedad autoritaria que no reconoce la diferencia y la distinción. Es un fenómeno que atraviesa clases sociales y jerarquías, invade lo mismo al ciudadano común que a los intelectuales; está presente en la familia, en la escuela, en el trabajo, en la iglesia, en el sindicato; en fin, en todos los espacios públicos y privados. Este manifiesto contra la intolerancia analiza y descubre las raíces de la personalidad autoritaria del mexicano.

El propósito de este trabajo es conocer de manera lo más detallada posible, el contenido de los pensamientos, representaciones, argumentos, razonamientos, prejuicios y emociones que explican el fenómeno de la animadversión política. Y de esta manera, contribuir a explicar los procesos de intolerancia y polarización política que tanto afectan a la democracia en México.

El trabajo de investigación consistió en la aplicación de técnicas cualitativas como la búsqueda de información documental sobre el tema de la intolerancia y la animadversión; la realización de entrevistas a profundidad para sondear el contenido de las representaciones y de las emociones que genera Andrés Manuel López como candidato presidencial, en ciudadanos claramente adversos a esa figura política. Estas entrevistas se combinaron con un breve test proyectivo. Asimismo, se utilizó el análisis de contenido para revisar los contenidos de diversos productos comunicativos: los spots políticos contra AMLO en la campaña presidencial de 2006 y un artículo paradigmático de Enrique Krauze, El mesías tropical publicado en Letras Libres en 2006. Fue realizado en el segundo semestre de 2017”.

La obra puede ser adquirida en el teléfono: 5566770259 y en Orizaba 43 en la colonia Roma Norte, con atención al Sr. Policarpio de 10 am a 5 pm.

Reproducimos, con autorización de su autor, el Dr. Rafael Serrano Partida, el interesante prólogo del estudio.


La República que no llega

“Las épocas de indignación son épocas de claridad; no son épocas de perplejidad. Son épocas de exacerbación e irritación colectiva y claridad: a veces incluso demasiada. Sabemos muy bien quién es el malo, quiénes son los malos y quiénes somos los buenos…la identificación de unos culpables no resuelve el problema porque no es un problema que tenga que ver solo con la culpabilidad sino con fallos sistémicos de todo tipo.”Daniel Innerarity[1]

La intolerancia: enemigo íntimo de la democracia

Vivimos tiempos indignados y de gran incertidumbre. En ellos florece la intolerancia. Es uno de los comportamientos colectivos que reflejan la decadencia, la quiebra de un sistema que se pretende democrático. La intolerancia es un síntoma de como el ser social, históricamente construido, puede autodestruirse por su incapacidad de aceptar-se y de aceptar la otredad: los otros, los distintos y los no semejantes. Cuando una sociedad no se escucha y no escucha la otredad, sobreviene la exclusión de lo distinto (lo otro y los otros). Entonces no es posible construir un nosotros, una Res publica, una república[2].

La intolerancia que excluye trae una pérdida de sentido y una reafirmación de lo mismo y semejante (una reiteración negativa del pasado); impide encontrar sentido propio y colectivo en la novedad y obtura la crítica que provienen de lo otro y de los otros. La cosa pública, la Res-publica, se construye sobre lo diferente, es un acuerdo entre los diferentes que buscan encontrar un sentido para convivir mejor bajo los valores/derechos de la libertad, la igualdad y la fraternidad para todos. Nace de lo distinto y demanda respeto, comprensión y entendimiento para lidiar con las diferencias.

La reafirmación de lo semejante rompe la identidad individual/colectiva, quiebra el tejido social y genera anomia/asiliencia social; hace emerger una personalidad autoritaria colectiva que impide una convivencia comprensiva y generosa. Se configura una sociedad violenta donde lo que prevalece es la supremacía del poderoso, la confrontación, el desprecio por el otro, el resentimiento como forma de vida: una sociedad quebrada y dividida, siempre en conflicto: un enjambre de individuos desolados, apresados en sus egos (individualismo consumista).

En la intolerancia no hay cabida para el análisis crítico ni para el reconocimiento de alguna virtud o cualidad de los otros que no piensan ni actúan como nosotros. La intolerancia habita el reino de lo semejante, de lo igual; no admite que podamos vernos a través del espejo del yo que es el otro. La actitud soberbia y finalmente supremacista prevalece sobre las actitudes comprensivas. El intolerante no ve ni escucha más que lo que le reafirma y no lo contradice. Si no hay reconocimiento de lo otro y de los otros la vida pública es imposible y por tanto, construir una democracia que es por definición el gobierno de todos es una tarea inútil y condenada al fracaso.

Se nos ha dicho que la democracia es el método (camino) menos malo para ponernos de acuerdo y construir un proyecto común de vida; y ello implica reconocer la otredad: la pluralidad, la

 

diversidad, la diferenciación y la complejidad de la sociedad, constituida o concretada en la ciudadanía. La democracia es una forma de vida compleja que exige no solamente tolerancia para aceptar lo diferente y opuesto sino la voluntad para construir acuerdos basados en el gobierno de la mayoría que respeta a las minorías[3].

El respeto nace de la comprensión y del entendimiento, de la capacidad para construir consensos entrecruzados (Rawls) producto de diálogos raciocinantes (Habermas). De estos diálogos y de los consensos (acuerdos) nace la República. Requiere de ciudadanos inteligentes, fraternos, comprensivos que acepten el método comunicativo que construye compromisos a partir del diálogo entre las convergencias//divergencias. Implica reconocer que la Res Publica, la cosa pública, es un constructo colectivo que mezcla los deseos individuales o grupales en el filtro de la razón, lo cual exige que los ciudadanos se reconozcan, se escuchen y cumplan con la máxima habermasiana: mi derecho hablar es mi obligación a escuchar. Pero no bastaría con eso, será necesario que los acuerdos se cumplan y se respeten. Ahí nace la virtud de la República: la legitimidad basada en la credibilidad.

Más allá de las esferas de los espacios del macro poder está el espacio ciudadano hoy habitado por la un discurso llanamente esquizoide, intolerante. El discurso de una ciudadanía autoritaria ha ocupado e invadido las discusiones en la opinión pública y debilitado la sociedad republicana[4]. La intolerancia se encuentra en esa actitud arraigada, plenamente enculturizada, que atraviesa todas las ideologías, los partidos, los sindicatos y las organizaciones sociales. Es el caso de México y de una buena parte de su ciudadanía.

La intolerancia a la mexicana

A lo largo de nuestra historia, prevalece un código cultural que constriñe el diálogo racional e impide que vivamos en democracia. El libro que tienen en sus manos, AMLOFOBIA, trata de la intolerancia política en el México de hoy. De cómo un grupo de personas, ciudadanos de una república frágil y todavía inmadura, configura la imagen de un político (Andrés Manuel López Obrador/AMLO) que es distinto, no semejante, a sus percepciones, actitudes y representaciones. Y cómo a través de sus lexias o narrativas se descubre una profunda vena de intolerancia cuyo mecanismo ético/cognitivo está basado en la exclusión de lo otro y de lo otro, en la incomprensión como escucha, en la expulsión de lo diferente/opuesto. Pero en su discurso, esta ciudadanía autoritaria se proyecta atribuyendo a lo otro, lo ajeno a mí, los vicios que se encuentran en su propia personalidad. AMLO es el espejo de ellos mismos: autoritario y ególatra, hipócrita y falso, soberbio y mesiánico; nacionalista y antiglobal. Es no solamente una percepción sino también una actitud y una representación de la ciudadanía mexicana. Al parecer no minoritaria ni marginal.

Explorar los veneros en los que abreva el autoritarismo, el mexicano en particular, nos permite conocer que la democracia es todavía una agenda que México tiene que recorrer. Pero tal y como lo describe AMLOFOBIA, esa agenda está seriamente amenazada. La intolerancia es no solamente una ristra de fobias regidas por la exclusión de lo otro y de los otros sino un mecanismo que segrega la construcción de una República e impide que el país tenga un proyecto de nación, un Estado fuerte donde todos caben y cada cual tiene un lugar para prosperar.

En México, la intolerancia es un estigma histórico. Las fobias y filias, los prejuicios y los perjuicios han habitado la vida de nuestra nación: desde la Colonia hasta nuestros días la intolerancia ha conformado el ser nacional. A lo largo de la historia de México, la ciudadanía, siempre infante, abrevó y de ella emergió un país paradójico: un ser colectivo fraterno/igualitario que emerge circunstancialmente mientras se vive, cotidianamente, en la intolerancia, la impunidad, la exclusión; en un profundo desapego a la ley y el orden, en un mar de corrupción; que muestra el perfil autoritario de nuestra sociedad: una sociedad decadente urgida de una renovación, de una regeneración o reconstitución.

Como lo demuestra AMLOFOBIA, este ser colectivo infante, que no habla porque no escucha, se incubó en la intolerancia religiosa de la Colonia y no fue superado en el período independiente: en el siglo XIX, las pugnas perpetuas entre conservadores y liberales, desmembraron al país y culminaron, en el siglo XX, con una revolución interrumpida de la que emergió un sistema autoritario. En estos siglos prevaleció la intolerancia, lo distinto y lo semejante fue la más de las veces ignorado o excluido: cooptado, reprimido o suprimido. Ya en el siglo XXI, la llamada transición a la democracia ha sido secuestrada por las viejas y las nuevas oligarquías que han trastocado o intervenido la transición democrática, imponiendo modelos perversos que ofrecen, retóricamente, una democracia plena, con contrapesos, incluyente y tolerante pero que realidad muestra como la transición a la democracia ha sido secuestrada y finalmente interrumpida. En México, las instituciones ciudadanas inmediatamente son cooptadas o cercenadas en sus atribuciones o intervenidas en sus consejos o en sus órganos de decisión; los  gobernantes viven de espaldas a la ciudadanía administrando crisis tras crisis con una credibilidad nula y sin credibilidad ni legitimidad.

En esta crisis de sistémica también aparece, como protagonista, una ciudadanía preponderantemente intolerante, sin capacidad de escucha, que ha interiorizado los esquemas autoritarios impuestos por todas las instituciones socializadoras, sobre todo las educativas y las religiosas. La desafección política de la ciudadanía mexicana no sólo abreva en la baja credibilidad de los políticos o de las instituciones (la pérdida del respeto) y en los agravios de una gobernanza corrupta, la cual es evidente, sino también radica en la personalidad autoritaria de una buena parte de la ciudadanía mexicana[5] que impide que la otra ciudadanía, la comprensiva y realmente republicana, aflore y establezca un régimen de libertades y derechos.

El discurso esquizoide de la intolerancia mexicana

El discurso autoritario mexicano tiene una narrativa: las carencias y males de muestra sociedad (la corrupción, la impunidad, la desigualdad y la pobreza ancestral) son producto del actuar de una clase política corrupta que ha traicionado sus promesas y a sus electores. Pero esta narrativa olvida o es omisa de que esta misma ciudadanía, engañada/traicionada, es víctima de su propia intolerancia: no sólo votó y vota por esa clase política degradada sino que la eligió, la sostiene y acepta sus prebendas, sus modos clientelares y corporativos. Incluso se da cuenta de su incongruencia pero se auto-exculpa, volviéndose abstencionista: la otra cara del discurso autoritario es el de una ciudadanía esquizoide que por una parte, acepta cotidianamente la impunidad y la corrupción y por otra, habla y demanda honestidad, transparencia para aquellos que la corrompen. Una contradicción moral que habita en el ser mexicano y que el PRI supo gestionar durante más de 80 años.

El discurso intolerante de la ciudadanía es extra-punitivo y rara vez se observa autocrítico, tal y como AMLOFOBIA lo muestra en las narrativas de los ciudadanos consultados. Confirma lo que Theodor Adorno había apuntado en su paradigmático estudio La personalidad autoritaria, hace ya más de medio siglo[6]:

“Adorno (…) consideró la personalidad autoritaria como la característica de poseer un superego estricto que controla a su vez, un ego más débil incapaz de hacer frente a sus fuertes impulsos. Estos conflictos intrapsíquicos acaban provocando inseguridades personales, lo que finalmente conlleva al superyó de la persona, a ceñirse a las normas convencionales impuestas desde el exterior (convencionalismo), y a la sumisión a las autoridades que imponen estas normas (la sumisión autoritaria). Ante estas inseguridades el individuo desarrolla mecanismos de defensa del ego que se observan en la persona, cuando esta evita la auto-referencia de la ansiedad produciendo un impulso del ello, es decir, proyectando estos mecanismos sobre los colectivos “inferiores” de la cultura dada (proyectividad), mediante una intolerancia basada en creencias conservadoras (el poder altamente evaluativo y duro) y rígidas (estereotipadas). Además, el individuo crea una visión cínica de la humanidad y establece una dependencia de la fuerza y la resistencia que es el resultado de las ansiedades producidas por fallas percibidas en las normas convencionales de la sociedad (la destructividad y el cinismo). Otras características propias de este tipo de personalidad, se basan en una tendencia general a centrarse en aquellos que violan los valores convencionales, y como resultado actúan con dureza hacia ellos (la agresión autoritaria), establecen una oposición general a las tendencias subjetivas y creativas (anti-intracepción), también presentan cierta tendencia a creer en la determinación mística (superstición) y, por último, desarrollan una preocupación exagerada con la promiscuidad”[7]

Por supuesto, en la historia mexicana han sucedido momentos brillantes, solidarios, fraternos que hacen aflorar la existencia de una ciudadanía tolerante, comprensiva e incluyente: la Reforma, el triunfo de la República sobre la intervención francesa, la restauración de la Republica, el triunfo de madero, la Convención de Aguascalientes, la expropiación petrolera, el movimiento estudiantil del 68 y la organización ciudadana ante catástrofes ecológicas. Pero han sido breves momentos, si luminosos pero inmediatamente apagados, subsumidos en el mar gris y pastoso de una cotidianeidad en la que rige la impunidad, la insolidaridad, el abuso y los agravios.

Esta personalidad autoritaria, Adorno dixit, impide construir un país libre, igualitario y fraterno. Se descubre que en México la intolerancia, como mecanismo excluyente de lo otro, de los otros, ha sido un proceso alienado que ha obturado la posibilidad de construir un sistema democrático. En sus conclusiones AMLOFOBIA afirma:

“México formalmente (perdón por el adjetivo), es desde hace casi doscientos años, una República democrática, pero en el fondo de los comportamientos, las actitudes y los pensamientos sociales, y en el contexto y a la luz de los resultados de la presente investigación, podemos decir que todavía estamos constituidos en una sociedad pre moderna, tal vez mezclada con una sociedad líquida, sin principios ni fundamentos firmes de convicción.  De muchas maneras también somos una sociedad de pensamiento colonialista, jerárquica, etnocéntrica, egocéntrica, autoritaria, monárquica, y de muchas formas intolerante, racista, discriminatoria y clasista; que no cree en la igualdad, en la libertad de los de abajo y mucho menos en la fraternidad de los que no son “exitosos”; tampoco cree en la solución de los problemas sociales, esa pretensión es una utopía; no cree en el interés público, ni en la política a la que ve con ojos del medioevo, una actividad insana que hace descuidar el trabajo y a la familia, lo más importante en el contexto (católico – religioso) de un verdadero hombre – mujer de bien.”

Al leer los resultados de la investigación etnográfica que muestra AMLOFBIA nos queda claro que la animadversión a AMLO es una madeja de opiniones basadas en actitudes y representaciones construidas desde la perspectiva de sus adversos, en la que aflora constantemente la intolerancia y pocas o nulas actitudes matizadas, comprensivas. Se magnifican sus errores, se endilgan calificativos que lo niegan; no se incorporan elementos de constatación de sus afirmaciones y por supuesto, no se le ofrece el derecho a la duda o la réplica. Por supuesto que la imagen de un político como López Obrador concita fobias y filias (algunas ciertas y otras falsas), ambas más dominadas por la pasión que por la razón; pero cuando revisamos las lexias de este estudio descubrimos que lo que predomina es la descalificación y el insulto, nunca un intento por comprenderlo. He aquí un ramillete del discurso autoritario mexicano (las negritas son subrayados míos):

“No, no me genera desconfianza porque no confío en él. Como no confío, tampoco desconfío, o sea yo lo desprecio, lo odio, se me hace tan poca cosa y tan evidentemente ruin que no confío, pero entonces tampoco puedo desconfiar” [8]

“Efectivamente no me identifico con él, ni me inspira confianza por el hecho de que sus ideas no tienen pies ni cabeza[9]

Creo que es una persona muy, mmm, es muy malcriado, creo que es un burrazo de primera, una persona que ni siquiera sabe hablar, que para la cantidad de tiempo que ha vivido o que ha estado en la política ya es para que se le hubiera quitado su acento ridículo (…) sobre todo creo que es oportunista, engreído, muy burro, aparte creo que se enorgullece de eso, que es lo peor[10]

“(…) no sé, es una persona como cualquier otra, pero también está loco ¿no? O sea, de repente como que quiere ir más allá de lo ordinario y eso me molesta[11]

“Lo que más me enoja de él es el discurso de odio. El hacer que los mexicanos nos pongamos en contra de nosotros mismos. Me molesta mucho que fomente el odio del pobre hacía el rico. Cuando realmente está fomentando el odio del pobre hacia la clase media, eso se me hace muy grave y muy peligroso el día de hoy, No se me hace peligroso para mañana o para si él llega al poder. Se me hace peligroso hoy, porque está dándole un rostro a las frustraciones o a las carencias de los pobres. Un rostro para desquitarse, y ese rostro es la clase media. Porque obviamente a la clase alta no van a llegar. Los pobres no van a poder llegar a afectar a la clase alta, entonces al no poder ahorcar a Carlos Slim, pues entonces se pueden meter a robar y a violar a la vecina de clase media. Todo lo tenemos en el rubro cultural; tú ves gente realmente necesitada en el sureste, incluso también aquí en la ciudad, pero se la pasan bebiendo cerveza y acostados en la hamaca mientras la señora va a trabajar de sirvienta a una casa de clase media. El sueldo que se gana la señora sirve para mantener pobremente a toda la familia. Yo creo que la pobreza es una mezcla también no sólo de esas oportunidades que hay, sino de esa cultura del “yo no quiero hacer nada, que el gobierno me dé, que me resuelva, y que el gobierno tiene la culpa de que esté jodido”. Creo que eso es lo que nos hace daño y gran parte del discurso de Andrés Manuel es una forma de reforzar ese pensamiento que nos lleva al carajo como país”[12]

Tanto en el grupo de personas entrevistadas, en el análisis de contenido de los spots políticos de opositores a AMLO en la campaña del 2006 como en el análisis de contenido de un texto provocador de Enrique Krauze en el 2006 (El mesías tropical) tienen un hilo conductor común: la intolerancia. Llama la atención que en las tres narrativas: las de los entrevistados, los guiones de los spots y el artículo de Krauze se identifican las mismas valoraciones sobre la personalidad de AMLO. Se rigen por una visión empobrecida basada en la descalificación y no en una crítica constructiva, comprensiva que reconozca algún valor en el otro.

El análisis de contenido del artículo El mesías tropical (2006) me parece particularmente esclarecedor, ya que desde la autosuficiencia académica tanto del autor como del medio (Letras Libres) se preconiza la intolerancia esgrimiendo los mismos argumentos o prejuicios/perjuicios que usa la ciudadanía cegada y cargada de perjuicios para describir y descalificar  a López Obrador y a su actuar político. Lo que cambia es el estilo: en el mundo del círculo verde, la doxa, el lenguaje llano y en el mundo rojo, sofisticado, el lenguaje políticamente correcto de la academia: uno construido desde la conversación cotidiana, a pie de urna y otro, pringado de metáforas y adjetivos; citas cultas para el aplauso de los decisores y los stakeholders del establecimiento político.

La narrativa de la intolerancia: los bárbaros del sur y el mesías del Grijalva

Pero el discurso sigue una misma pauta, tanto para los del círculo rojo como para los del verde. Se  rige por una misma línea discursiva: la pobreza, la vileza, la falsedad, la satrapía de la personalidad de AMLO que se expresan en su populismo, mesianismo, autoritarismo y demagogia. Pero el que habla o escribe lo hace alejándose de cualquier responsabilidad o imperativo ético, como respetar al otro[13]. Este mecanismo discursivo, del intolerante, lo hace para colocarse como meta-observador y atribuirse agudeza psicológica y capacidad crítica para analizar o dar una opinión superior sobre de alguien al que de antemano se le injuria y se le ofende.

Es el caso del artículo de Enrique Krauze, éste juzga desde el podio de la racionalidad y la intelectualidad; esgrime su superioridad desde categorías psicológicas e históricas, discutibles, para menospreciar, denostar, a quien de antemano le genera animadversión. Una mezcla discursiva anidada en su fobia personal a AMLO. Habría que psicoanalizar las recaídas judeocristianas de Krauze cuando define una personalidad a partir de metáforas que convierten a López Obrador en una versión tropical de un cacique (heredero del temible Garrido Canabal), un sujeto de espaldas a la modernidad, turbulento/violento como el Grijalva y nublado por su providencialismo, un personaje autoritario que no representa a la izquierda moderna y que su mesianismo cristiano lo ha acomodado a su ego, etcétera: ¿algo peor? En un largo ensayo plagado de adjetivos descalificadores sólo una mención positiva, brevísima, donde Krauze le concede, a  AMLO, tener algunas ideas innovadoras. Vaya Moisés del Altiplano:

“Ése es “el hombre de acción que a todas sus huestes trae redención”. La versión actual de Garrido Canabal que desde el poder purificará y organizará a la sociedad, mostrándole el camino de la verdadera convivencia, liberándola de sus opresores…”

“… da la espalda a las ineludibles realidades del mundo globalizado e incluye planes extravagantes e irrealizables, pero contiene también ideas innovadoras, socialmente necesarias. Lo que preocupa de López Obrador es López Obrador. No representa a la izquierda moderna”… “Representa a la izquierda autoritaria. “No es un pragmático”

“…el altiplano no lo atempera, le gana la ‘pasión tropical’.” Pero la suya no es una simple pasión política, sino una pasión nimbada por una misión providencial que no podrá dejar de ser esencialmente disruptiva, intolerante.”

López Obrador no era cristiano porque admirara la doctrina de amor de los Evangelios, porque creyera en el perdón, la misericordia, la “paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Él era “fundamentalmente cristiano” porque admiraba a Jesús en la justa medida en que la vida de Jesús se parecía a la suya propia: comprometida con los pobres hasta ser perseguido por los poderosos. La doble referencia a “su época” y “su tiempo” implicaba necesariamente la referencia tácita a nuestra época y a nuestro tiempo, donde otro rebelde, oriundo no de Belén sino de Tepetitán, había sido perseguido y espiado por los poderosos, y estuvo a punto de ser crucificado en el calvario del desafuero. No había sombra de cinismo en esta declaración: había candor, el candor de un líder mesiánico que, para serlo cabalmente, y para convocar la fe, tiene que ser el primero en creer en su propio llamado. No se cree Jesús, pero sí algo parecido” [14]

En este discurso lo que predomina es una visión civilizada que muestra a un político que representa un bárbaro candoroso, iluminado por su compromiso con los pobres. El texto concluye:

“El concepto global que puede expresar todo el entramado de significados atribuidos a AMLO tanto en los spots de televisión de la campaña presidencial del 2006, emitidos en general por los adversarios políticos de Andrés Manuel López Obrador, así como de los valores o atributos implicados en el artículo de “el mesías tropical” publicado en la revista Letras Libres y que subyace de manera profunda en el enfoque de estos adversarios políticos, es el de Barbarie[15].

“El resorte profundo de significado, el lugar desde donde se ve a la figura política y las acciones políticas de Andrés Manuel López Obrador, es por tanto el de “la mirada civilizada”, por lo menos en la autoconsideración que de sí mismos hacen estos adversarios políticos de Andrés Manuel López Obrador.  Con esto, ya podemos construir las líneas generales de esta estructura de significado que es empleada para ver, analizar y calificar la acción política de AMLO, y que de múltiples maneras ha circulado en el sistema de representaciones sociales de la política mexicana, y en los imaginarios y políticos y sociales de la población en las primeras dos décadas del siglo XXI.”

AMLOFOBIA nos muestra la gravedad de la intolerancia y sus efectos en la polarización del país. En este proceso, la izquierda o las izquierdas también habitan tramos de intolerancia, exclusión y son igualmente perniciosos. El autoritarismo no es exclusivo de un individuo, una clase, un partido o un corporativo, es una forma cultural internalizada en nuestros modelos de convivencia que a decir del estudio realizado nos advierte de un hecho mayor: la fractura social, política y cultural en la que habita México, profunda y dolorosa:

En México no es una lucha de proyectos sociales lo que está en juego, sino, proponemos, el conflicto elemental entre la desesperación de la pobreza y la defensa ciega, a veces irracional del interés privado.  Conflicto en el que el detonador de una explosión social de proporciones, lo conforma la exaltación de los estados de ánimo y las humillaciones infligidas, que pueden ser más lesivas, profundas y dolorosas que los golpes físicos, y pueden desatar acciones de un altísimo grado de violencia, incluso odio.

Lo cual se expresa en mundo polarizado: un norte que desprecia a un sur y un sur resentido contra el norte mexicano. O una sociedad en la que habitan ciudadanos siempre confrontados por el desprecio y el resentimiento. AMLOFOBIA nos aclara:

“El problema es más grave que el eterno desacoplamiento de nuestro país a las tendencias y desarrollos planetarios. El verdadero problema, es que están dadas las condiciones para una ruptura social de proporciones gigantescas, no sólo por la desigualdad socioeconómica que tiene en la miseria a más de la mitad del país, documentada y acreditada incluso por estudios oficiales, sino también por la preocupante existencia de impulsos destructivos o estados emocionales cargados de agresividad, y actitudes y consideraciones ideológicas que empujan al rechazo, a la discriminación, la intolerancia de lo diferente, de lo menor, de lo que está naturalmente debajo de mí, es decir, un tipo de diferencia que tiene un muy claro rasgo de inferioridad clasista:  El pobre, el mal educado, el pelado, el ignorante, el huevón, que contra todos los resultados de investigación en ciencias sociales, sigue siendo pobre porque quiere, condena a la que se le puede seguir añadiendo los calificativos que se quiera, inferiores, miserables, tontos y aun ¡pendejos!”

AMLOFOBIA es una investigación realizada por un grupo de estudiantes de la UNAM (Facultad de Estudios Superiores de Acatlán) que conducidos por su profesor, Jaime Pérez Dávila muestran fehacientemente las debilidades de nuestro sistema social y nuestra incapacidad para construir una sociedad justa y próspera. Ya en el libro Por qué vendo mi voto (FES/Acatlán UNAM, 2017), los estudiantes de Acatlán mostraban con rigor que la sociedad mexicana era conservadora y utilitarista, profundamente endogámica y sin concepto de vida pública, despolitizada. Ahora con AMLOFOBIA, nos muestran que es además, una sociedad intolerante. Y que en momentos de incertidumbre afloran el desprecio y el resentimiento más que el aprecio y la reconciliación.

En sus conclusiones, AMLOFOBIA nos alerta de que existe ya un quiebre institucional que podría terminar de desbaratar el tejido social. Que estamos ante una deriva autoritaria y una intervención o parálisis de la democracia que puede concluir en una implosión o explosión social de gran magnitud[16]. Las elecciones de presidenciales de 2018 definirá el futuro democrático de México. AMLOFOBIA lo describe de la siguiente manera:

“En México puede ocurrir lo mismo, de muchas maneras ya ocurre.  Las condiciones de una polarización social han sido construidas desde hace mucho tiempo: Pobreza, desigualdad, marginación, resentimiento, discriminación, racismo, clasismo, no se deben de forma específica y particular a ninguno de los actores políticos en activo, en estos momentos, es responsabilidad de las malas decisiones tomadas por el conjunto de los gobiernos mexicanos a lo largo de su historia y que han llevado a una muy seria y profunda descomposición de la vida pública.  Sin embargo, cualquiera de ellos, o todos, pueden decidir oprimir el botón rojo de la polarización y el enfrentamiento, si no atienden, si no respetan y peor aún, si descalifican y humillan a dirigentes y a los contingentes de seguidores de cualquiera de los bandos.  De hecho, lo han venido haciendo desde el año 2006, llevamos ya doce años de tentar al diablo, o si prefiere, “de picarle las costillas al tigre”.

A pesar de esta severa advertencia, estos tiempos son tiempos inciertos pero claros; no luminosos ni solares. Como dice Daniel Innerarity, son tiempos en los que se identifica meridianamente quien es quien y de qué lado está: los buenos republicanos y los malos republicanos se manifiestan y se conocen. Pero no basta, es necesario saber dónde intervenir para que la República se instale por fin en nuestra vida pública. Impulsar, como dice las conclusiones de este texto, una segunda transición a la gobernabilidad democrática. Son tiempos lunares pero no crepusculares, anuncian el cambio. Esperamos que nazca la República. Ésta que hoy tenemos ha fracasado.

Primavera del 2018 en la Ciudad de México

Rafael Serrano

[1] Gascón, D. De la indignación a la perplejidad. Entrevista a Daniel Innerarity. Letras libres. Ver en el sitio: http://www.letraslibres.com/espana-mexico/politica/entrevista-daniel-innerarity-tratar-gente-que-no-piensa-como-nosotros-impide-que-nos-volvamos-locos

[2]Rēs pūblica es una expresión del latín, que significa literalmente “cosa pública“, lo que se conoce modernamente como esfera pública. Etimológicamente, es el origen de la palabra “república” y, conceptualmente, de la inglesa commonwealth. Su uso se vincula generalmente con los conceptos actuales de sector público y Estado, y con los conceptos tradicionales de bien común y procomún”. Wikipedia en el sitio: https://es.wikipedia.org/wiki/Res_publica

[3] “La democracia es un conjunto de valores y procedimientos que hay que saber orquestar y equilibrar (participación ciudadana, elecciones libres, juicio de los expertos, soberanía nacional, protección de las minorías, primacía del derecho, deliberación, representación…”Inneriraty, D. (2016). Por una democracia compleja. El País. Ver en el sitio: https://elpais.com/elpais/2016/11/10/opinion/1478806557_486421.html

[4] “Los grandes sistemas políticos a lo largo de la humanidad han sido aquellos que no han esperado demasiado de sus gobernantes ni han temido demasiado de ellos, en los que había sistemas equilibradores, checks and balances, instituciones que permitían sobrevivir al paso de gente desastrosa.” Gascón, D. De la indignación a la perplejidad. Entrevista a Daniel Innerarity. Letras libres. Ver en el sitio: http://www.letraslibres.com/espana-mexico/politica/entrevista-daniel-innerarity-tratar-gente-que-no-piensa-como-nosotros-impide-que-nos-volvamos-locos

[5]Personalidad autoritaria es el conjunto de características individuales que, adquiridas durante la infancia, predisponen a un individuo a aceptar y adoptar creencias políticas antidemocráticas, encontrar satisfacción en la sumisión a la autoridad, dirigiendo la agresión hacia las minorías sociales, étnicas o a los grupos sometidos a la marginación social. Esta personalidad se caracteriza por la presencia de actitudes intolerantes como la xenofobia, el racismo, la discriminación social entre otros. También se caracteriza por unas formas de pensar muy determinadas y rígidas, es decir, estereotipadas, con abundancia de prejuicios, actitudes propias del conservadurismo y actitudes intolerantes.” Cuya referencia mayor es el estudio paradigmático de T. Adorno, La personalidad autoritaria, basado en los conceptos de Erich Fromm y Freud. En wikipedia. Ver en el sitio: https://es.wikipedia.org/wiki/Personalidad_autoritaria

[6] Adorno, T. W., Frenkel-Brunswik, E., Levinson, D.J., Sanford, R. N. (1950). The Authoritarian Personality. Norton: NY.

[7] En wikipedia. Ver en el sitio: https://es.wikipedia.org/wiki/Personalidad_autoritaria

[8] Tiburcio Rodríguez, Samantha. “Entrevista a Gabriela Ari Elías Santillán, 31 años, Cuauhtémoc CDMX”. Fecha: del 26 de agosto al 5 de octubre 2017.

[9] Hernández Luis, José Manuel. “Entrevista a Brayam Emanuel Rodríguez Hernández, 20 años, Nicolás Romero Edo. de Méx.”. Fecha: del 25 de agosto al 23 de septiembre del 2017.

[10] Tiburcio Rodríguez Samantha, “Entrevista a profundidad a Gabriela Ari Elías Santillán”, 31 años, Delegación Cuauhtémoc, del 26 de agosto al 5 de octubre de 2017.

[11] Pérez Quiroz Tania Berenice, “Entrevista a profundidad a Francisco Altamirano López”, del 18 de agosto al 14 de septiembre de 2017

[12] Alarcón Monroy Ada Paulina, “Entrevista a Úrsula (Pseudónimo)” /46 años/ Fraccionamiento Los Morales, Cuautitlán, Edo. Méx. / 31 agosto y 17 de septiembre del 2017

[13] “…la pérdida del respeto, la distancia de lo otro y de los otros, desintegra al público. El público era, en el mundo moderno, un conjunto de individuos que se miran desde esta lejanía y que por tanto se respetaban porque no se inmiscuían en lo privado, no se privatizaba lo público. Lo público era aquello que surgía del respeto a los individuos privados. Pero también el respeto consiste en aceptar la novedad que transportan las opiniones de los otros.” Serrano, R (2014). En el Enjambre. Para una crítica de la opinión pública posmoderna. Reseña del libro de Han, Byun-Chul (2014). En el enjambre. Herder, Barcelona, 110 pp.

[14] Krauze, Enrique, “El mesías tropical”, revista letras libres, originalmente publicado en el mes de junio del año 2006, http://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/el-mesias-tropical

[15] “En este contexto, la antigua Grecia acuñó el término bárbaro como una onomatopeya para discriminar a todos aquellos extranjeros que no hablaban su idioma, es decir, a los que estaban excluidos de la cultura helenística, considerada superior, y que tomaban cuerpo en las denominaciones de “los otros”, los diferentes.  Un dato que es importante recordar, es que el concepto de bárbaro en Grecia, ayudó a construir el discurso bélico en contra de los persas.  Más tarde el imperio romano lo utilizó para referirse a quienes no poseen las “civitas”, término que hace alusión al régimen jurídico que regula las acciones de los hombres, el derecho.  En este sentido, el bárbaro es entonces aquel que no posee la ley, a la vez que designa al otro diferente, que, al mismo tiempo, en la experiencia del imperio romano, es un invasor” Delfín Guillaumin, María Eugenía, “Civilización y barbarie, historia de dos conceptos”, Pacarina del sur, Revista de pensamiento crítico latinoamericano, 09/11/ 2016. Ver en el sitio:  http://pacarinadelsur.com/home/indoamerica/1473-civilizacion-y-barbarie-historia-de-dos-conceptos

[16] “El asunto es que si esta estructura de significación originalmente movilizó a la humanidad en su conjunto, en el contexto de la lucha política que se desarrolla en nuestro país en las primeras décadas del siglo XXI, intenta movilizar a una parte de los mexicanos, los considerados civilizados, en contra de otra parte de mexicanos considerados inferiores, los incivilizados, con los que se articula una contradicción social y política de descalificación, intolerancia y negación, que bien vistas las cosas, pueden servir también para la construcción de las condiciones que sirvan o faciliten la configuración de un contexto de fuerte polarización social y aun de combustible para una guerra civil.” Ver las conclusiones del reporte de investigación.